Carnaval 2020

En el infinito espectro de fiestas que celebramos en el planeta, los carnavales ocupan un lugar muy especial por esa extraordinaria capacidad de disponernos hacia el contacto lúdico con otras gentes y culturas que nos invitan a interpretar personajes históricos, roles predeterminados o incluso, facetas desconocidas de nosotros mismos.

 

Es quizá por su condición alegre, festiva y mutante por la que esta celebración transforma su nombre, formato, estética y ubicación en el calendario dependiendo del lugar del globo terráqueo en el que se celebre. Queremos que convivan el maravilloso costumbrismo de nuestra ciudad con el folklore y tradiciones de algunos de los países de Iberoamérica que más presencia tienen como son Ecuador, Colombia, República Dominicana, Argentina, Perú y Brasil. 

 

Lo que permanece absolutamente intacto son tres ingredientes concretos: la fiesta en la calle, el atuendo sin complejos y la banda sonora que acompaña a la celebración. El carnaval, en algunas ocasiones fue cosa de bailes, de máscaras y de palacios. Pero también, la oportunidad para festejar popularmente, sin prejuicios, la vida. Si a esta manera tan espontánea de festejar le añadimos una alteración de nuestra apariencia ordinaria, es probable que nuestro yo más auténtico salga a relucir.

 

Cómo no hacer mención a la música y a los bailes: elementos inseparables de cualquier festejo carnavalesco. Los coros de unas chirigotas, las trompetas de una charanga, las percusiones de una batucada o el ritmo de bombo de alguna canción de electrónica realizan una gran función: despertar nuestra faceta más alegre, comunicativa, empática y sensorial.

 

Poniendo en valor estos tres ingredientes, hemos querido proponer un pasacalles que refleje la alegría de la celebración entre las culturas madrileña y latinoamericana. Además de hacer convivir a los chulapos y las chulapas de la vieja escuela con el público millenial. Y todo esto como preámbulo del entierro de la sardina: ese momento icónico en el que el compromiso, la ironía y la elocuencia se dan la mano. Y es que, como decía Pio Baroja (autor, entre otros muchos, de Locuras de carnaval): “Una costumbre indica mucho más el carácter de un pueblo que una idea”.

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